Participo de los Encuentro Nacionales de Mujeres desde hace 29 años. Esperaba, al llegar a Salta, una recepción fría hacia nosotras, teniendo en cuenta la injerencia que aún conservan sectores de poder tradicional como la iglesia en la vida cotidiana. Y me llevé una sorpresa: las salteñas han participado masiva y activamente en cada taller y actividad, y la sociedad en su conjunto estuvo bastante movilizada con nuestra llegada.

No se puede obviar que Salta es una provincia donde las mujeres tienen educación religiosa desde muy chicas, donde no se aplica la ley de educación sexual integral y, donde se han producido en las últimas semanas casos de violencia de género que han podido sortear el silencio y la censura.

Fue sumamente gratificante escuchar a las mujeres salteñas hablando de la violencia que sufren en el ámbito de lo cotidiano, e intercambiar acerca de los avances en materia de igualdad que hemos avanzado a nivel nacional en estos últimos diez años y debatir sobre las cuentas pendientes sobre los desafíos que aún tenemos por delante.

La presencia de Rocío Girat sobre el escenario fue un envión importantísimo. El caso de Rocío nos habla de la necesidad de un Estado que contenga y proteja a las mujeres cuando son víctimas de violaciones, en lugar del “algo habrá hecho”. Recién cuando encontró respaldo, Rocío pudo contar por todo lo que pasó.

Hubo dos casos de violencia de género que retumbaron entre nosotras y que no podemos dejar pasar por alto: el femicido de Evelia Murillo, docente asesinada el 3 de octubre en una escuela rural del norte de Salta; y la violación de Fátima, una joven de 21 años que denunció ser abusada en el Hospital Miguel Ragone.

Este último caso nos preocupa por dos cuestiones: sobre el mismo hospital pesa una denuncia por la muerte de un hombre con discapacidad intelectual tras estar atado a una cama durante días; y que el Juez a cargo de la causa por la violación de Fátima, titular del Juzgado de Familia N° 2, rechazó el año pasado el pedido de aborto no punible a una chica de 13 años, también violada.

La sanción de una ley que garantice el aborto legal, seguro y gratuito en la argentina es una deuda pendiente de la democracia con las mujeres. Es la única forma que tenemos de frenar una de las principales causas de muerte materna, que recae sobre las mujeres pobres fundamentalmente.

Creo que este es el momento adecuado para avanzar en la despenalización. El marco actual de ampliación de derechos de las mujeres y de avance en una relación más igualitaria entre géneros que garantiza el nuevo código civil, con el enorme consenso social que logró, nos habilita a ir por más. En noviembre, por lo pronto, tenemos la promesa de la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de incluirlo en el temario de sesiones.

 

*Por María José Lubertino, Vicepresidenta del Frente Grande