Todos y todas los/as argentinos/as hemos aprendido a valorar la democracia, aún con sus conflictos, imperfecciones y hasta diferencias entre los/as ciudadanos/as. 
La seguiremos cultivando. Más allá de los 31 años cumplidos sin interrupciones del proceso democrático, que para la historia de nuestro país no es nada menor, hemos logrado asentar con el correr de los años y el esfuerzo cotidiano un salto cualitativo en la calidad de las instituciones democráticas, que es de lo que se trata una democracia verdadera.
¿Cómo lo hicimos? Con la incorporación de tratados internacionales sobre Derechos Humanos con rango constitucional, y con la ampliación y defensa de los derechos sociales, económicos, de los/as usuarios/as, medioambientales, a la libertad de expresión y a la igualdad en la diversidad. Todas estas conquistas son las que le dan sentido a la democracia, que es al mismo tiempo la garantía para que la ampliación de derechos nunca se detenga.
Los/as niños y niñas, jóvenes/as, las mujeres, los/as adultos/as mayores, las personas con discapacidad y los Pueblos Originarios han avanzado en esta última década pero es evidente que aún existe un trecho por recorrer para que todos/as accedamos a la igualdad.
El derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo; el acceso irrestricto de todos/as los/as argentinos al trabajo digno, a la salud, la educación y el transporte públicos son cuentas pendientes que deben ser resueltas sin especulaciones de ningún tipo.
En eso estamos. En seguir buscando los consensos necesarios para alcanzar los cambios fundamentales. En aportar nuestro grano de arena cada día para que todos/as los/as argentinos vivamos mejor.