El hostigamiento en la vía pública es un tema que debe ser tomado con seriedad. No es bueno que se banalice mediáticamente, ni en redes sociales, porque es una de las formas de violencia contra las mujeres más frecuente, invisibilizada y naturalizada. Por ello apoyamos fervientemente los proyectos presentados en la Legislatura y en el Congreso para reglamentar el derecho ya consagrado en la Convención de Belem do Pará de prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres.

Desde hace muchísimos años, reclamamos y denunciamos que todos los casos de acoso callejero se tomen en consideración como un hecho más de esta cultura patriarcal, como un signo de la violencia de género. Cuando este tema se lleva a los medios de comunicación se lo subestima, se lo minimiza, se trata como extremistas a las mujeres que cuestionan o a las campañas que se han planteado para debatir sobre el tema de los piropos. Este tema es muy sutil. Hubo un avance muy importante con la ley de violencia de género que de alguna manera identifica las circunstancias por las cuales el acoso se produce siempre que haya algo no deseado por parte de la mujer. Esto vale para el acoso sexual laboral, para el acoso sexual en un ámbito institucional, en una escuela o en cualquier circunstancia callejera. La complicación en el acoso callejero se da porque es más difícil la prueba y porque no hay una instancia institucional, no hay una autoridad de la cual dependan ambas partes, no hay un ámbito en el cual la continuidad de una relación permita sentar las bases para una sanción o que haya alguien que dirima la no repetición y el cambio de conducta ante el conflicto. Pero el acoso callejero está contemplado, dependiendo el grado, en el Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires, que incluye la figura del hostigamiento, y si fuera de mayor gravedad, está contemplado como abuso en el Código Penal.

Es claro que aquí hay temas fundamentales que deben ser abordados para cambiar esta cultura sexista y patriarcal. Por caso, los varones deben entender la esfera de autonomía de las mujeres, no sólo en términos físico-corporales, sino en términos de garantizar su libertad de desplazamiento, de tránsito, su derecho a una vida libre de violencia, a no ser hostigadas, a vestirse como se les dé la gana, a andar por la vida libremente. En este sentido, es fundamental y es un déficit gravísimo no considerado seriamente el mandato de educación sexual en las escuelas. Recientemente, veíamos en un programa de televisión al ministro Esteban Bullrich diciendo que debíamos hacer algo con este tema, cuando lo primero que se debe hacer es garantizar la educación sexual desde el jardín, desde la educación inicial, hasta el secundario. No se trata simplemente de nuestro proyecto de ley de distribuir preservativos en las escuelas, sino de que esto tiene que estar acompañado de un debate para cambiar las mentalidadess en lo que son las relaciones entre varones y mujeres a fin de que no haya más relaciones de sometimiento, relaciones de poder, y desterrar la creencia o la convicción que tienen desde pequeños los varones de que pueden disponer del cuerpo de las mujeres, de que las mujeres son objetos, de que las mujeres están para servirlos en los distintos aspectos o facetas domésticas o sexuales. Eso se rompe en la medida en que haya perspectiva de género en la educación institucional, formal, educación sexual en las escuelas.

El segundo campo de trabajo para revertir la idea de mujer objeto y esta relación de poder entre varones y mujeres lo conforman los medios de comunicación, las publicidades y el discurso sexista o descontextuado que hacen algunos comunicadores. En este sentido la ley de medios ha sido un salto cualitativo, un avance increíble y formidable, pero obviamente no se trata de que vivamos haciendo denuncias a la Afsca, lo que también tiene una larga tramitación hasta llegar a una sanción y no es la voluntad de las mujeres tener que estar haciendo denuncias o tratando de buscar una sanción, lo que queremos producir es un cambio cultural para que no haya ningún vendedor de productos, ninguna empresa que auspicie en un programa donde haya sexismo; que ninguna empresa acepte una publicidad sexista porque le puede generar un rechazo social la venta de un producto utilizando estos parámetros machistas. Ese cambio cultural requiere trabajar en las universidades a donde se forman los comunicadores, los periodistas, los productores, los publicistas.

La tercera pata -fundamental para combatir estos delitos, estas faltas de respeto hacia las mujeres que pueden comenzar en la convicción de un piropo o de una galantería no deseada por la mujer y pueden terminar en un acoso violento, en una violación, en una situación de mayor gravedad- es el no a la impunidad, es la sanción moral, judicial, y en este sentido es fundamental la inclusión de la perspectiva de género en las policías, en los poderes judiciales: que los jueces y los policías tengan formación adecuada para entender cómo funcionan estas relaciones de poder, cómo funciona la violencia de género e intervenir en el escenario público, intervenir en la calle si hace falta, intervenir y sancionar.

Por supuesto que sabemos que no serán, en la mayoría de los casos, delitos que puedan merecer una pena de prisión y ni siquiera a veces lleguen a una instancia de sanción pecuniaria. Tampoco creemos que la instancia pecuniaria resuelva; creemos que, en todo caso, en el ámbito de las contravenciones, el mecanismo de probation tiene que ser creativo y tiene que buscar verdaderamente generar en la persona que ha causado el hostigamiento, un cambio de actitud. Nosotras pensábamos el otro día, junto con Aixa Rizzo a quien estamos acompañando y con quien vamos a trabajar para promover esta causa, que en su probation pidiéramos, por ejemplo, que los que fueron parte del hostigamiento tengan que ir a prestar algún tipo de servicio a alguna organización no gubernamental que trabaje con niños o alguna tarea que sea típicamente desarrollada por mujeres y que los pongan a lavar los platos por una cantidad de horas, por una cantidad de meses, o sea que de alguna manera busquemos, no solamente una tarea para que ellos tengan que reflexionar por lo que hicieron, sino también que socialmente aparezca como simbólicamente representando algo que tiene que ver con el cambio de roles entre varones y mujeres y que no somos las mujeres las únicas encargadas y responsables del cuidado de los otros, de las tareas domésticas. En ese sentido sería importante que, además, estas personas pudieran tener una serie de charlas sobre las relaciones entre varones y mujeres, los derechos de las mujeres. Y, si son casados, hablar con sus señoras, hablar con sus novias; sería muy importante que ellas también pudieran saber quiénes fueron, qué pasó, porque también debe haber otros aspectos en la vida de estos varones que seguramente pueden ser modificados a partir de la reflexión y de la resocialización en relación a esta temática.

Así que hemos asumido el compromiso de generar un debate público, no en tiempo electoral sino con la profundidad que esto merece, vinculado a si hace falta revisar, está presentada la reforma del Código Penal, pero es un buen momento para poder ser parte de un debate para ver si eso puede ser introducido allí o puede ser revisado o si hace falta modificar el Código Contravencional.

Si bien es importante elaborar un protocolo para que las fuerzas de seguridad tomen las denuncias y esas conductas sean sancionadas, más importante es el debate social y el cambio cultural para cuestionar las pautas ancestrales que ponen a las mujeres en posición de objeto que comienzan con un mal entendido “piropo” y pueden terminar en una violación o en un femicidio.