Igual que cronos se devoraba a sus hijos, una sociedad que aniquila a sus niñas y jóvenes va carcomiéndose de a poco.

No solo hacen falta más presupuestos y políticas públicas para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres en los tres niveles del Estado, sino que necesitamos que las máximas autoridades de los tres poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se pongan al frente de la lucha contra la impunidad en los femicidios y violaciones y para un cambio cultural que le diga basta al sexismo y ponga fin al patriarcado.

¿Cómo puede ser que después de 30 años de democracia todavía no haya educación sexual en todas las escuelas desde el nivel inicial aunque la ley así lo ordene? ¿Cómo puede ser que después de 30 años de democracia no se haya incorporado la perspectiva de género en la formación de los/as propios/as docentes? ¿Cómo puede ser que después de tantos tratados internacional en materia de Derechos Humanos incorporados con rango constitucional, todavía no haya protocolo de atención a las víctimas de violencia en policías, Justicias, sectores de salud en todas las provincias? ¿Cómo puede ser vigente una ley de medios de las más avanzadas del mundo que condena la discriminación de género y la violencia mediática, todavía haya publicidades que exhiben a las mujeres como objeto o que nos sigan encorcetando como las únicas responsables del cuidado del hogar? ¿Cómo puede ser que todavía haya comunicadores y medios de comunicación que hacen gala de su machismo o que lucran con las exhibiciones obscenas o avisos de explotación sexual?

Muere una mujer cada 30hs. víctima de un femicida. Todos los días hay nuevos casos de mujeres víctimas de trata o niñas violadas. Cada una de ellas nos duele y no nos debe resultar ajena. Son nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras amigas o pueden serlo. Todos podemos y debemos hacer algo para este cambio cultural imprescindible. Denunciar, intervenir, participar, no dejar pasar ni una situación menor de acoso verbal, chiste de mal gusto u hostigamiento callejero. Pequeños gestos hacen la diferencia. La patria también son las otras.