Abrazo al Jardín Botánico
Paren de comentarlo todo!

Ante la obra ilegal, fea e inconsulta del Gobierno de la Ciudad en la entrada del Jardín Botánico, diseñado por el paisajista Carlos Thays, monumento histórico nacional, los vecinos/as nos autoconvocamos para una abrazo simbólico, como lo hicimos hace 20 años para defenderlo de las privatizaciones de Menen y Grosso. Ahora para exigir no sólo que detengan la obra sino la inmediTa demolición de este adefecio y la restitución a su entrada original! Esperamos que las rejas no hayan ya desaparecido o estén en algún country.
Volveremos a encontrarnos el 30 de enero y si no han vuelto al estado anterior iniciaremos acciones judiciales contra el Gobierno de la Ciudad y el arquitecto que profanan un Monumento Histórico Nacional !

Somos los.as vecinos/as en defensa del patrimonio y los espacios verdes y públicos! Si nadie nos defiende, nos organizamos y defendemos nosotros/as los intereses colectivos.

· Parque Avellaneda
· Parque Centenario
· Parque Chacabuco
· Parque Lezama
· Parque Los Andes
· Parque Patricios
. Parque Pereyra
· Plaza Colón
. Plaza San Martín
. Plaza Rodríguez Peña
Parece ser que estas y otras tantas obras de Carlos Thays y Benito Carrasco, son el blanco al que se le viene apuntando con prisa y sin pausa.
Sus pecados fueron dotar a la ciudad de Bs As de magníficos espacios verdes, libres y gratuitos.
Muchos de ellos ya han perdido especies, hectáreas y suelo permeable; pero se trabaja sin descanso para que a cambio ganen: caminos de cemento, bares y espacios comerciales subterráneos.
La Plaza Intendente Alvear se salvó por la enormidad del ataque, no sin dejar heridos después de la batalla, damos fe.
Sin embargo no son esos y otros paisajistas del pasado a lo que se apunta.
Es al espacio público al que se toma por asalto, para mejorar lo inmejorable,
para dejar una impronta de gestión superficial y superflua, y porque no, si se puede, ganar algunos m2 para el mercado inmobiliario.
En ese marco es que la Dirección de Espacios Verdes entra al Jardín Botánico con la sutileza de un rinoceronte en un bazar, quizá confundiéndose con el jardín vecino, el Zoo, al que ya se le augura un futuro pleno de semi esferas interplanetarias. Y lo hace, dice, para jerarquizar el acceso.
Este conjunto extraordinario de patrimonio medioambiental, bálsamo en el fárrago urbano, merece sin duda que se gaste presupuesto para su mantenimiento e higiene, que se oiga la palabra de los especialistas que aquí trabajan y que la sencilla tarea de ocultar los tableros eléctricos se haga de manera eficiente y elegante.
Se ha conseguido ya un vago retroceso, pero no pensemos que se abandonará la idea.
Estamos aquí, para pedir que se respete la participación ciudadana, para reclamar por la responsabilidad de los funcionarios en el manejo displicente del gasto publico, para exigir que se nos devuelva lo que se nos ha escamoteado.
Hasta que surja un émulo aventajado de aquellos grandes paisajistas, es imperioso que recuperemos la belleza que nos legaron.