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El método Kairós, o como la realidad se le cayó encima

24 de febrero de 2017// En Clarín //

Al músico y actor Fran Ruiz Barlett la realidad se le cayó encima. El 8 de noviembre del año pasado, se despertó con la noticia de que El método Kairós, el teatro independiente que junto a otros tres amigos dirige en el barrio de Palermo, había amanecido destruido. El décimo piso de una obra en construcción lindera a la sala se había venido a pique sobre el teatro, arrasando con el techo y llevándose puesto todo lo demás: las luces, las computadoras, la consola de sonido… La desgracia “con suerte” (¿hay alguna que de verdad la tenga?) no contó con víctimas humanas, pero sí artísticas: los espectáculos que allí se hacían debieron levantarse de cartel, los alumnos que allí estudiaban actuación tuvieron que buscar, aunque sea momentáneamente, otros rumbos. Y la historia, con su indefinición, recién comenzaba.

Si las cosas fueran más justas, Ruiz Barlett debería estar disfrutando un verano glorioso. Como actor, es parte de El otro lado de la cama, la obra que está primera en recaudaciones en Mar del Plata y que ganó en esta temporada cinco premios Estrella de Mar. En un elenco que comparte con Nicolás Vázquez, Benjamín Rojas, Gimena Accardi, Sofía Pachano y su novia Sofía González Gil, Ruiz Barlett personifica a Rafa, un tachero que resume muy graciosamente todos los estereotipos del típico porteño canchero y mujeriego. Con un jopo a lo Elvis Presley, su Rafa también canta algunos temas de rock nacional, que son parte de la trama, pero que permiten mostrarlo como lo que es: un músico consolidado que toca varios instrumentos (guitarra, piano, violín, batería), con cinco discos editados y un sexto a punto de salir, que le produce el contrabajista Mariano Otero. Como datos biográficos, además de actuar y dirigir en música y teatro, Fran Ruiz Barlett (32) es el autor de dos libros.

Tanta actividad, sin embargo, no le quita la tristeza ni la preocupación por lo que ocurre con su sala de la calle El Salvador al 4300. Apenas producido el derrumbe, los responsables de la obra en construcción se mostraron solidarios y deseosos de avanzar en alguna solución conjunta. Es más, en principio hubo una resolución que dejaba atada la continuidad de la obra (la arquitectónica) a la reapertura del teatro. Pero eso rápidamente se diluyó y la construcción sigue, aún sin permiso. Y también se fue diluyendo la solidaridad del medio. Lo que fue noticia y consternación un día, pronto quedó sólo en eso. Y si bien en principio hubo un número de cuenta al que se podía aportar, a Ruiz Barlett y a sus socios no les parece bien estar pidiendo plata que no saben cuándo ni cómo van a poder devolver.

A tres meses y medio del accidente, El método Kairós (una sala para 99 personas, en la que se podía ver lo mejor y lo más riguroso del teatro independiente de esta ciudad y que también funcionaba como escuela de actuación) sigue con la persiana baja y nadie sabe por cuánto tiempo será así. Los dueños apuestan a una mediación con la otra parte (entrar en un juicio, además de fatigoso, sería larguísimo), pero ni siquiera hubo aún una convocatoria a esa mediación. Y el alquiler de la sala ronda los 70.000 pesos mensuales, una enormidad de dinero, sobre todo cuando no hay posibilidades de recaudar ni con clases ni con venta de entradas.

Por ahora, sólo hay gestiones informales de gente bien intencionada: un productor teatral que por Twitter contacta a la legisladora porteña María José Lubertino para ponerla al tanto y pedirle ayuda; o Benjamín Rojas, compañero de elenco de Barlett, que en plena mesa de Mirtha Legrand es capaz de exponerle el asunto al aire al Jefe de Gobierno de la Ciudad Horacio Rodríguez Larreta.

Lo cierto es que está cerrado un teatro. Para algunos es solamente eso. Y si no hay respuestas para tantas causas urgentes y apremiantes, ¿por qué tendría que haberlas para el arte? Tal vez porque el arte es parte fundamental de la construcción de la identidad y de la cultura. ¿Es motivo suficiente?

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