Por Maria José Lubertino
Noviembre 2018

 

Desde hace ya varias décadas los lugares de toma de decisiones politicas se han replegado y han tendido a alejarse de las instancias participativas y populares.

Se han tratado de reducir los temas de la política, empobreciendo y limitandola a enfrentamientos de macro intereses. Muchos de los ciclos politicos desarrollados en los Estados Unidos, Europa y América Latina han tenido consecuencias negativas sobre las conquistas de les trabajadores, las esperanzas de un mejor vivir en ciudades y periferias y, por ende, han incrementado las desigualdades. Las mujeres padecemos particularmente esta situación: la feminización de la pobreza es una realidad inocultable en estos días.

Por eso es esencial para nosotras modificar los contenidos de la política. Contribuir a su redefinición. El feminismo hoy aparece renovado, ampliado y energizado como espacio de construcción y disidencias y como movimiento social y popular. Sin embargo las feministas políticas somos sólo algunas y esta propuesta para ser palanca de cambios requiere de todas.

Las feministas políticas proponemos a todas las mujeres una alianza para superar el desafío de establecer una nueva relación entre nuestras vidas y la política. Queremos lograr que nuestra cotidianidad “invada” las instituciones, los gobiernos y los partidos convirtiéndose en un asunto “embarazoso” que los obligue a tropezar con ella.

Proponemos llevar la “fuerza de las mujeres” a las instituciones, creando poder para el cambio. Esto no puede surgir de otro modo que de las propias mujeres en sororidad a través de una estrategia entre nosotras. Construyamos una “fuerza de mujeres” que exprese nuestros compromisos con la transformación. Ya no se trata sólo de cantidad en la representación y paridad en el número. Vamos ahora por los contenidos y las prácticas. El cambio ético y estructural que la política necesita hoy más que nunca y que estaba en el origen de por qué quisimos más mujeres en política: para cambiarla!

Para construir este cambio necesitamos que las mujeres nos comuniquemos entre nosotras, que nos escuchemos y prestemos atención. Que respondamos a expectativas recíprocas y tomemos conciencia de la necesidad que cada una tiene de las demás. Que las mujeres politicas especialmente aquellas en los lugares de poder no reproduzcan las prácticas patriarcales. Necesitamos que la fuerza de una se convierta en ventaja y recursos para las otras y les otres.

Elegir la política para realizar nuestras esperanzas, para cambiar nuestra situación y la del mundo. Entenderla como compromiso diario en el que sea posible ver entretejidos nuestra inteligencia y nuestra pasión, nuestro idealismo y nuestro pragmatismo. Enriquecerla a través de nuestros intereses. Integrar el día a día y la dimensión de futuro, las cosas pequeñas y detalles y los grandes problemas del mundo, como lo hacemos siempre nosotras que estamos en todo.

Construir la fuerza política de las mujeres es un proceso colectivo. No alcanza con  algunas figuras. Están hoy mejor dadas las condiciones que años atrás. Pero es una tarea que nos debemos a nosotras mismas. Recuperemos la historia, retomemos otras experiencias en America Latina y en el mundo, pongamos sobre la mesa nuestros intentos, logros y fracasos. A partir de ello será posible y más fácil avanzar hacia una sociedad más humana, conquistar un poder cuyas reglas y decisiones involucren al conjunto, incluidas las mujeres y otras diversidades.

Señalamos tres dimensiones importantes sobre las que elaborar esta nueva política, este “poder para el cambio”, que no es excluyente de otros actores, pero que debe tenernos como protagonistas:

  • Representatividad feminista:

Aunque la historia haya marcado de diferente manera a mujeres y varones ha llegado la hora de que la diferencia no siga actuando en nuestra contra, sino que podamos hacerla jugar a nuestro favor, en un mundo que necesita más que nunca der ser cuidado. Para equilibrar derechos contamos actualmente con la exigencia legal y convencional de la paridad y las acciones afirmativas, que debemos extenderla a otros ámbitos gubernamentales, judiciales e institucionales, gremiales, académicos, comunicacionales, deportivos, sociales y empresariales.         Pero esto no agota la búsqueda. Hacerse notar en las diferentes instituciones y en los espacios politicos equivale a procurarse medios y formas de asociación autónomos. Así debemos propiciar los “grupos de mujeres” parlamentarias, intendentas y munícipes, trabajadoras, profesionales, partidarios e interpartidarios, como nos muestran las buenas prácticas de juezas, abogadas, ingenieras, periodistas, actrices, escritoras, profesoras en varias facultades y universidades…Potenciar estas iniciativas hará más evidente la representatividad e iniciativas desde nuestra perspectiva de género. Es importante asumir el compromiso con la agenda del movimiento de mujeres y en particular los consensos que los feminismos venimos logrando en estos 34 años en este maravilloso espacio participativo y transversal anual que son los Encuentros Nacionales de Mujeres, ahora asumidos colectivamente como plurinacionales y abiertos a todas nuestras diversidades. Hay que crear un auténtica y permanente comunicación entre mujeres electas y el conjunto de las mujeres para apoyar a las primeras y también para que rindan cuentas del mandato por el que fueron promovidas. Ese intercambio ayudará a mejorar propuestas y diseñará soluciones más eficaces.

  • Capacidad estable de acuerdos:

Es necesario luchar por nuestra ciudadanía jurídica, por la paridad, por conseguir nuestra propia identidad, por obtener derechos que no nos son aún reconocidos y satisfacer nuestras necesidades e intereses. Pero no es suficiente. Estamos buscando los medios que promocionen con fuerza vinculante las muchas facetas de existencia social de las mujeres, principalmente en el trabajo.

            Es necesario que las diversas asociaciones de mujeres o mayoritariamente de mujeres (cooperativas, cooperadoras, asociases profesionales, asociaciones vecinales, de trabajadoras, etc) accedan a los recursos disponibles con fuerza vinculante. Pero es también imprescindible promover la participación protagónica en el espacio sindical, especialmente en el sector servicios (un lugar decisivo para nuestra calidad de vida), donde somos mayoría.

El patriarcado no ha cumplido el cupo sindical de las mujeres y el Estado no lo ha exigido. Las mujeres en lugares de decisión no han intervenido para que se cumpla.

Debemos establecer alianzas y acuerdos transversales estables entre mujeres para el cambio y apoyarnos recíprocamente.

  • Gestión participativa:

             Nosotras, las mujeres, al tener una visión más completa y directa de la complejidad social y contener a nuestro interior como colectivo las más diversas diversidades siendo conscientes de ellas, estamos más cerca de abrir espacios para que se escuchen las voces de les que hoy no la tienen. Las transformaciones sociales y económicas nos conciernen directamente, porque formamos parte de ellas y porque sobre nosotras recaen, generalmente, gran parte de los problemas de esa índole. Debido a estos problemas las mujeres nos relacionamos permanentemente con el Estado y muchos aspectos de nuestra vida cotidiana se resuelven (o no) en esa relación. Creemos, por lo tanto, que del acuerdo entre entre mujeres (trabajadoras, y ciudadanas, empleadas públicas y usuarias, funcionarias y administradas, magistradas y justiciables) puede surgir una práctica distinta de gestión participativa que reforme y humanice la relación entre les ciudadanes y el Estado.

Para construir futuro es imprescindible el cambio de la mano de nuestra fuerza colectiva.